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La leyenda de Ulises y Polifemo - Case Vacanze in Giardini Naxos & Taormina

La leyenda de Ulises y Polifemo

Ulises, rey de Itaca, una isla griega, en su peregrinaje con sus doce barcos en el mar mediterráneo, se dio con las cóleras deZeus que había azuzado otra violenta tempestad y Ulises y sus hombres, fueron tan zarandeados que perdieron la noción del tiempo y no supieron más orientarse. Así, cuando vieron delinearse una gran isla toda verde rociada de riscos y caletas creadas por prehistóricas coladas lávicas y con un volcán que resoplaba fuego, humo y lapillis incandescentes, pero pintado por la nieve y parecía guapísimo, se notaron en el fondo rebaños bien robustos, a esta visión hicieron saltos de alegría. Pero no sabían de encontrarse en Sicilia en la tierra de losCíclopes.

En la isla de Sicilia, en los alrededores del volcán Etna, vivían siete hermanos y eran todos gigantescos y terribles. De cuatro se sabía el nombre: Bronte – Sterope– Arge y Polifemo que era el primogénito y el más monstruoso, en particular él tenía una simpatía para el hermanastro Bronte. Eran hijos de Poseidón y pertenecían a la raza de los cíclopes, en particular tenían un único grande ojo en la frente. Todos vivían de ganadería, y eran feos groseros y malos, y cuando avistaban navíos al horizonte, se escondían espiándolos con su único ojo, rojo de vetas, ojos que sólo emanaban odio y maldad hacia los humanos y el pensamiento de encontrarlos daba miedo, cuando los navíos dulisse-sfugge-alle-ire-di-polifemo-300x186e los malaventurados se encontraban a tiro, los tomaban de puntería arrojándoles piedras y grandes peñascos, pero a causa del único ojo difícilmente acertaban sus canalladas, y cuando lo lograban se excitaban tanto de pegar con toda su fuerza sobrehumana los puños en el suelo, y todo eso creaba temblores y estruendos en toda la isla.

Polifemo pastoreaba sus rebaños cuando Ulises y los compañeros llegan a su enorme cueva y, creyendo en la acogida del Ciclope, trajeron en regalo mucho vino y quedan a esperarlo para servirse junto al monstruo de sus víveres. Apenas habían reunido una decena de ovejas, cuando oyeron unos rugidos y un pesado pisoteo que hacía temblar las rocas. Aterrorizados, se zambulleron al final de la cueva escondiéndose tras un peñasco. Y he aquí entrar un gigante del aspecto espantoso. Se acuclilló sobre el umbral, graznando:“Venid aquí, mis rebaños. Venid a Polifemo para ser ordeñadas”. Ulisestuvo un brinco. Había sentido hablar de Polifemo y de los cíclopes y sabía que estaban en los apuros. Ellos, en efecto, no trabajan la tierra “…confiando en los dioses inmortales..”, no saben navegar, no viven en grupos más amplios de su estrecho grupo familiar y..”….cada uno manda sobre los hijos y las mujeres, despreocupados el uno de los otros…

“..ésos no tienen asambleas de consejo ni leyes..”. Concluido el ordeño, el Cíclope encendió el fuego y, sólo cuando las llamas empezaron a hacerse altas y brillantes, notó los doce hombres escondidos detrás la roca. Emitió un ensordecedor rugido de rabia. “Extranjeros!” gruñó. “Ladrones de ovejas! Os haré trizas y os comeré por cena!”. Alguien murió del susto, Un instante después agarró a dos hombres y se los puso en la boca, triturándolos entre dientes agudos. Luego, después de haber rodado un gran peñasco a la entrada de la cueva, se extendió a dormir. Mientras su roncar resonaba entre las paredes, Ulises intentó maquinar un plan. Pero no se le ocurrió nada. Así, la mañana después, el gigante tomó otros dos hombres y los devoró como había hecho con los otros. Después de qué salió con las ovejas, revolcándose el peñasco a los hombros. Estaban en trampa! Ulises notó un tronco echado en tierra. Le dio una idea. Le sacó la punta hasta cuando el tronco se convirtió en una larga pértiga aguzada. Estaban escondiéndolo en un rincón cuando Polifemo fue de vuelta. Como la tarde anterior, ordeñó las ovejas y devoró otros dos hombres. Luego hizo un eructo poderoso y después de haber rodado el peñasco a la entrada se extendió por tierra. Pero esta vez no se durmió enseguida y Ulises saltó fuera a hablarle.

“Cíclope, oye Cíclope quizás agradezcas un poquito de buen vino color roben, después de tanta comida a base de carne, sepas que el vino tinto bien se combina a los grandes bocados de carne gran Cíclope!”, (y es aquí que salta a la memoria al primer catavinos de la historia). Así sabrás que tipo de bebida es la que nuestro barco llevaba consigo le dijo Ulises tímidamente con el nudo a la garganta por la pérdida de sus hombres. Y Polifemo le contestó: “Como te atreves aconsejarme lo que tengo que hacer, y quién eres tú?” Y Ulises culisse-acceca-polifemo-2-300x195ontestó bien consciente de no tener que decir la verdad, mi nombre es “Nadie” y soy el caudillo de estos desafortunados hombres que por equivocación han venido a molestarte”. Polifemo por un instante titubeó, y quedó desconfiado hacia esta confianza. Ahora el fuego emanaba una bonita tibieza.

Polifemo acercó y tendió sus enormes manos para calentarlas. “Bien hecho” dijo. “Vosotros los hombres seréis unas pequeñas, insignificantes criaturas, pero habéis encendido un bonito fuego”.Ulises fingió de estarle agradecido. “Queremos sólo servirte, gran Polifemo” le dijo al Cíclope…Él, tomado el cuenco, bebió hasta el final: y gustó visiblemente la dulce bebida, y aún la pedía, una segunda vez: “Dame más, vamos. Y me dices de nuevo tu nombre enseguida, ahora. Quiero hacertelo, el regalo de acogida: y tú serás contento de ello. También a los Cíclopes produce la tierra vino de grandes racimos: pero éste es un chorro de néctar y ambrosía. “Cíclope, me preguntas de nuevo el nombre famoso, y yo te lo diré: tú me das, como has prometido, el regalo de acogida.

Nadie es mi nombre: Nadie me llaman mi madre y mi padre y Nadie me llaman todos los otroscompañeros y soy el caudillo de estos marineros que se han perdido a causa de la tempestad. “Ahora bien (contestó el cíclope) el regalo que quiero hacerte es que te comeré por último”. Cuando el monstruo se derrumbó después de haberse emborrachado bebiendo el dulce néctar que había traídoUlises, parecía haber bajado la quietud en la gruta, entonces Ulises y sus hombres tomaron el gran tronco lo encandecieron en el fuego y cuando fue bien encandecido lo cogieron todos juntos y lo clavaron en el ojo del cíclope, un grito terrible salió de la garganta del monstruo, que hizo temblar toda la montaña, se apretó las manos sobre el ojo, gritando y rugiendo, tanto que los griegos fueron ensordecidos por el ruido. “Por qué es tan oscuro?”mugió Polifemo.

“No veo nada!” Empezó a palpar las paredes y el suelo de la cueva, buscando a Ulises y sus compañeros. Sus inmensos dedos continuaban golpeando el terreno cerca de ellos: eran bastante grandes para pisarlos. Ulises corrió hacia el montón de pieles de oveja. Velozmente lanzó una a cada compañero. “Cúbridvos con éstas, y os ponéis a gatas!” exclamó. “Luego alcanzad a gatas la entrada de la cueva”. Rápidos los griegos hicieron cuanto Ulises dijo. De repente Ulises sintió los dedos delCíclope palpar la piel de oveja que le cubría la espalda: tenían un peso colosal. Polifemo tocó todavía una piel de oveja, luego otra y otra. Bajo cada una de ellas había un griego. “Han escapado” rugió. “Aquellos astutos bribones! Me han cegado y han escapado. Sólo han quedado las ovejas en la cueva”. Cuanto más velozmente pudieron, Ulises y sus compañeros salieron a gatas de la gruta.

Una vez fuera, si-faraglioni-dei-ciclopi-300x193e quitaron las pieles de oveja que les habían salvado la vida y corrieron hacia la playa. “El barco es demasiado dañado para zarpar” dijo de prisa Ulises. “Pero las lanchas van bien. Pronto! Pongámoslas en agua y nos alejamos de la isla”. Mientras tanto los hermanos de Polifemosintiendo aquellos espantosos gritos se acercaron para poder entender qué había ocurrido, pero conociendo la irascibilidad de Polifemo ninguno tenía el ánimo de pedirle explicaciones cuandoBronte se atrevió y preguntó “Polifemo que ha pasado? Por qué gritas tan fuerte?” y Polifemocontestó “ahh ha sido Nadie”. Los cíclopes se miraron él uno al otro no entendiendo qué él quisiera decir, y de nuevo Bronte tras consejo de los otros Cíclopes preguntó: “Polifemo por qué gritas así fuerte y que te ha pasado? y Polifemo contestó “aah Nadie ha sido, Nadie me ha cegado, y Nadie con sus hombres ha escapado, Nadie, amigos, me mata con el engaño, no con la fuerza!…”.

A este punto los cíclopes se sintieron tomados el pelo, le dieron la espalda y se fueron. Apenas fuera de la gruta, el grupo de los seis corrió deprisa hacia el barco, donde la tripulación ya había preparado todo para la salida. Ayudándose con la vela y con los remos, en breve los barcos se alejaron de la costa. Mientras tanto Polifemo, que había intuido lo que había pasado, yendo adelante a ciegas, trató de alcanzar a los fugitivos, pero ya era demasiado tarde. Las embarcaciones se dirigían velozmente hacia el mar abierto. A ese punto, Ulises, sintiéndose seguro de no poder ser alcanzado, desde la proa del barco, con tono de escarnio y no sin una buena dosis de orgullo por haberle engañado, dirigiéndose al Cíclope, le gritó “Polifemo, hey Polifemo! si alguien te pregunta quién te ha cegado, dile que no ha sido nadie, sino Ulises, rey de Itaca!”.

El Cíclope cuando oyó estas palabras se enloqueció. Había oido hablar de este Rey de Itaca llamadoUlises, sabía que a veces este Ulises y su flota de barcos costeaban la ribera, y cuando estaban en los aprietas de Taormina, Polifemo junto a su hermano Bronte lo cogían de puntería arrojándoles encima enormes peñascos del monte Ziretto sin nunca golpearlo. Amoratado de rabia, concentró sus esfuerzos, agarró la cima de una colina y la arrojó hacia la dirección de la que venía la voz deUlises.El gesto no tuvo ningún efecto. El barco flotó levemente por las olas producidas por la caída a mar del peñasco y continuó con la vela desplegada. Polifemo no se dio por vencido. Agarró la cresta de otra colina y la arrojó contra los barcos. Pero también esta tentativa fracasó míseramente.

Los incrédulos pueden averiguar: las cimas de las colinas todavía están allí, en el mar de Acitrezza, a pocos centenares de metros de la costa – y son los famosos farallones de los Cíclopes.En poder del desaliento, Polifemo abrió los brazos al cielo e invocó a su padre Poseidón, el dios del mar.“Padre – suplicó el Cíclope – haz qué Ulises sufra como yo estoy sufriendo y llegue en patria después de infinitos percances, sin barcos y sin compañeros”. En cambio, Ulises y los suyos, con viento favorable, en menos de un día de navegación llegaron en las islas Eolias, donde vivía Eolo, el diosde los vientos.

Muchas otras aventuras esperaban a Ulises y sus compañeros, antes que pudieran regresar a Grecia y a casa. Ellos sin embargo siempre recordaron la noche en que huyeron del Cíclope como la máshorrible y peligrosa de todas.